viernes, 5 de septiembre de 2014

MIGRACIONES Y DERECHOS HUMANOS



Luis Monterrosa
Director del IDHUCA 
Las migraciones es una de las características de nuestros tiempos. Miles de personas diariamente buscan transitar de un país a otro. Los hay que utilizan medios normales y públicamente validados; los hay que utilizan medios no tradicionales y clandestinos. Una de las  grandes preocupaciones es la violación de los derechos humanos de las personas que toman la decisión de emigrar. En los últimos meses ha sonado fuertemente el caso de los menores migrantes no acompañados.

En general, hay dos grandes razones por las cuales las personas optan o se ven forzadas a migrar. Por un lado está su condición económica; por otro lado, la situación de inseguridad. Obviamente ambas están vinculadas.

Históricamente nuestro país a raíz del tipo de modelo económico adoptado ha tendido a expulsar a salvadoreños y salvadoreñas. Decimos bien cuando hablamos de expulsar; si bien en última instancia es una decisión, las más de las veces en realidad la gente se ve obligada a migrar y es en este sentido de violación de sus derechos fundamentales que debemos enfocar también nuestra atención.

En los cincuenta y sesenta, los salvadoreños buscaban tierra para trabajar, una tierra cada vez más escasa en términos de acceso en el país y la encontraban en Honduras. La guerra de 1969 con nuestros vecinos no sólo malogró la unión centroamericana, sino también una válvula de escape para las contradicciones económicas y sociales. Luego comenzó fuertemente la migración hacia Estados Unidos con la gente buscando las oportunidades de desarrollo que aquí no encontraba o bien huyendo de la violencia represiva del Estado. En realidad, salvadoreños hay prácticamente en todo el mundo, desde Alemania a Australia, de Korea a Estados Unidos.

Y la constante es la misma: la búsqueda de las oportunidades que nuestra estructura
económica – social no brinda, educación de calidad, trabajo, salud, etc., así como buscando entornos menos inseguros ante la delincuencia. Decimos menos inseguros, porque en realidad, Estados Unidos, país mayoritariamente elegido para emigra, no es necesariamente más seguro en términos de criminalidad.

Por tanto, los derechos humanos de los migrantes en realidad dependen en última instancia del cumplimiento de sus derechos humanos fundamentales y de sus derechos económicos y sociales. Idealmente, la persona debería poder emigrar si quiere, no emigrar si no quiere. Que sus derechos sean respetados aquí y en cualquier parte del mundo. Y a la vez, que las personas pudiesen desarrollarse en su bienestar aquí y en cualquier parte del mundo. A pesar de los avances tecnológicos, en ciencia, en cultura todavía nos hace falta caminar en el cumplimiento de los derechos humanos.

 Editorial Radio Revista Sembrando Futuro, 4 de septiembre de 2014.