viernes, 24 de abril de 2015

Seguiremos cantando

Durante las últimas semanas se han desarrollado algunos debates en las redes sociales sobre la organización y los participantes en el acto de beatificación de Monseñor Romero; el último de ellos durante los primeros días de esta semana.
La cuestión es que un grupo de cantantes, la inmensa mayoría integrantes de agrupaciones de tipo “comercial”, como Marito Rivera, Shaka y Dres, Los Hermanos Flores, Alto Mando, fueron convocados para grabar un video con un tema (o el tema) para el evento del 23 de mayo. Entiendo que la producción corre por cuenta de TCS, según se afirma en un video subido a la red por algunos de los participantes.
Las críticas se han movido en dos sentidos: por una parte se reprocha que los artistas participantes nunca ha sido romeristas, que su ideología es de derecha y que pertenecen a agrupaciones comerciales; por otro lado, se señala el criterio excluyente de los organizadores, al no haber convocado a los y las cantantes de grupos comprometidos históricamente con el mensaje y la figura de Monseñor Romero.
Ciertamente, me parece que si ésta será la canción oficial de la beatificación, como se afirma en el video, quienes seleccionaron a los y las participantes han usado un criterio excluyente y anti histórico.
Aquellas personas que cantaron comprometidos con la realidad, incluso desde antes de que Monseñor Romero fuera nombrado arzobispo de San Salvador, junto a la Iglesia Popular, en las comunidades marginales y en las tomas de tierra, quienes cantaron junto a él entre 1977 y 1980 y quienes “se la jugaron” durante estos 35 años y contribuyeron a poner su figura y testimonio en el lugar que le corresponde, merecen, no solo reconocimiento, sino consideración y respeto.
Aclaro que, a mi juicio, los cantantes que aparecen en el video no merecen ningún tipo de insulto o maltrato de parte de nadie, por el simple hecho de estar participando, incluso los que pudieran tener una trayectoria de derecha o meramente comercial.
Solo por mencionar algo de quienes mejor conozco, Nadia Maltez es una gran artista que ha crecido mucho en los últimos años y me alegra que aparezca, ella es una digna representante, al igual que el maestro Nelson Huezo. A Gerardo Parker lo he visto siempre muy al lado de la iglesia católica y me parece lógica su presencia. Rafa de OVNI es un músico excepcional al igual que Marito Rivera quién tiene además una sólida formación académica. Por lo tanto, está muy bien que participen, pues son personas con excelentes credenciales artísticas.
Estoy seguro que ellos no tienen la culpa de que la organización no haya incluido a otros y otras que se ganaron a pulso ese derecho.
Pero, ¿quién puede negar que Guillermo Cuellar, compositor de la Misa Popular Salvadoreña y de la Misa Mesoamericana; Jorge Palencia, compositor.
de “El Profeta”; Claudia Beatriz López, quién trabajó con las comunidades del bajo Lempa en la recomposición social de los desplazados del conflicto; Franklin y Roberto Quezada, que han mantenido vivo el mensaje romerista a través de decenas de canciones y miles de conciertos; Sebastián Torogoz, Paty Silva, Teresa Guardado o a la gente nueva que ha seguido ese camino como Carlos Pacheco, Manuel Contreras o Carlos Serpas tengan tanto o más talento creativo, calidad artística, compromiso romerista y derecho de participar?.
Parafraseando a mi amigo Godofredo Echeverria, uno de los fundadores de “La Banda Tepehuani”, este es el momento en el que mucha gente se manifestará romerista; muchos tratarán de volver a Monseñor Romero un producto comercial, descafeinado, insípido, “light”, volviéndolo un santo del cielo y no de la tierra.
Afortunadamente nos queda su testimonio vivo. Afortunadamente “su voz aún se escucha en el desierto”. Afortunadamente el pueblo ya lo hizo santo. Afortunadamente su mensaje nos seguirá inspirando y seguirán surgiendo poemas y canciones y seguiremos cantando.

(contribución de Paulino Espinoza excesodeequipaje@gmail.com)



miércoles, 22 de abril de 2015

La Fuerza Armada no es la solución



Resultado de imagen para ejercito derechos humanosEn diversos sondeos de opinión pública sobre la credibilidad de las instituciones del Estado, la Fuerza Armada suele destacarse. Respecto del cumplimiento de los acuerdos del 92, pasa por ser una de las instituciones con mejor cumplimiento. Por supuesto, esta institucionalidad mantiene ciertas debilidades. Son recientes los casos de los cadetes Zelaya Díaz (2014) y Peña Carmona (2001).
En el pasado inmediato son claras las deudas en términos de justicia y reparación como en el caso de los Jesuitas (1989) respecto sus autores intelecturales, innumerables casos de graves violaciones de derechos humanos durante nuestra guerra civil, así como casos a lo largo de los años setenta como procesos de persecución y exterminio de la académicos, estudiantes, docentes, campesinos, iglesia, etc.
El fondo común de todos estos casos es la autoridad concedida o asumida por las Fuerzas Armadas respecto a la conducción del país, ostentando el poder político, y por tanto decisión sobre cuestiones claves del país, con el problema serio que supuso que la institución armada se arrogase por encima de cualquier voluntad política y ordenamiento jurídico, sobre la vida de las personas.
Este es el pasado de las Fuerzas Armadas en el país, situación común con otros sociedad donde privó el autoritarismo militar como Chile, Brasil, Argentina por citar sólo algunos casos.
Los Acuerdos de 1992 dispusieron separar la responsabilidad de la seguridad pública de las Fuerzas Armadas en la medida que los Cuerpos de Seguridad (la Guardia Nacional, la Polícia de Hacienda y la Policía Nacional) se conviertieron en instrumento de represión de los civiles, especialmente de la Oposición política.
Que ahora se piense que las Fuerzas Armadas pueden ser la solución al problema de la violencia y de la delincuencia, es un error de dimensiones descomunales. No sólo invalida el esfuerzo limitado que ya hace la Policía Nacional Civil, sino que también nos podemos acercar a situaciones similares como la acontecida en 2014 en el caso de Tlatlaya, México donde se suponía que el Ejército se había enfrentado con presuntos narcotraficantes con el resultado de 22 civiles muertos y cero rasguños para los militares. Posteriores investigaciones demostraron que en realidad el Ejército ajustición a las 22 personas y montó la escena para hacerla parecer un enfrentamiento.
Este es el tipo de situaciones a la que no debemos llegar. La violencia y la delincuenta requiere de soluciones audaces, urgentes de corto y largo plazo. Pero la Fuerza Armada no es la solución.
Luis Monterrosa - Director
Editorial 23 de abril 2015

lunes, 20 de abril de 2015

Negociar con delincuentes - Editorial 16 de abril 2015



Resultado de imagen de negociación justiciaEsta semana hemos conocido de la sentencia pronunciada en el caso de Rodrigo Chávez Palacios por el desmembramiento de un empleado de la alcaldía de Santa Tecla. Según los medios, las Fiscalía General de la República modificó el delito original de “homicidio agravado” por el delito de “homicidio simple” lo que conlleva la solicitud de una pena menor para el imputado. Así mismo se supo de la colaboración de Rodrigo Chávez de tal modo que pudo ser sentenciado a 11 años de cárcel, cuando probablemente podría haber recibido hasta 20 o treinta años de cárcel.
Los términos de favorecimiento son producto de lo que se conoce como “proceso abreviado” cuando el imputado reconoce su responsabilidad y se decide a colaborar y por tanto le puede ser aplicado el criterio de oportunidad. Hemos conocido de muchos de estos casos de “criteriados”.
Propiamente este es un proceso de negociación: a cambio de colaboración la Fiscalía ofrece una reducción de la pena. Por tanto, a partir de este caso específico podemos concluir que al menos se ha negociado con delincuentes.
El presidente de la república en sus declaraciones vertidas ha dicho que no va a negociar con delincuentes, en alusión a la problemática de las pandillas. Este tipo de declaraciones han sido también típicas del Fiscal General de la República que ha dicho en reiteradas veces que no se puede negociar con los que están al margen de la ley. Y sin embargo, la Fiscalía negoció con Chávez Palacios una reducción de la pena, así como negocio con Antonio Rodríguez a quien antes había llamado “traidor a la sociedad”.
La declaración de “no se puede negociar con delincuentes” es una típica falacia: un tipo de argumento que parece válido, pero no lo es. Las falacias intencionales pretenden manipular, en nuestro caso, la opinión pública. Todavía no he oído a ningún clásico detractor del diálogo comunitario con las pandillas pronunciarse contra la negociación con Chávez Palacios.
El resultado es el cierre de toda posibilidad de buscar soluciones sociales integrales a problemas sociales complejos y el fortalecimiento de salidas represivas y manoduristas. En cuanto al problema social de las pandillas hay un sinnúmero de argumentaciones inválidas que se esgrimen, algunas de ellas basadas en el desconocimiento de la realidad, en la comprensión de su complejidad, en la prevalencia de prejuicios sobre lo que es la violencia o las pandillas.
La violencia como realidad sociológica es mucho más complejo que el delito. No es lo mismo. Las pandillas como realidad sociológica es mucho más complejo que el crimen organizado. Se comete un error garrafal no sólo de lógica sino de operación estratégica cuando se reduce la violencia al delito y se confunde la pandilla a crimen organizado. No es gratuito que llevemos 15 años lidiando con el problema y no hayamos atinado en nada a su solución: ni con deporte, ni con pintura, ni represión. No daremos con la clave del asunto hasta que caigamos en la cuenta que el problema de la violencia y de las pandillas es un problema de exclusión.
Fue David Escobar Galindo quien, en una publicación del PNUD de 1998 quien dijo que “una sociedad marginadora está creando el mejor almácigo para la violencia”. De haber atendido aquel llamado de atención hace quince años, no estaríamos viviendo la situación actual.
Promover procesos sociales comunitarios de cultura de paz que favorezcan la prevención de la violencia con todos los sectores mientras creamos condiciones económicas y sociales estructurales de inclusión, es la respuesta que debemos dar a la violencia. El camino del manodurismo y la represión sistemática nos coloca como sociedad en los años setenta y el camino del exterminio colectivo.
Cultura de paz es promover el diálogo como mecanismo de solución. Represión y manodurismo no es más que expresión de autoritarismo

martes, 14 de abril de 2015

MEMORIA HISTÓRICA, Recuerdo de Arcatao desde una perspectiva antropológica.



Keny Sibrián
Comunicador IDHUCA.
Este ensayo enfoca su punto de interés en el Conflicto Armado de El Salvador en el período comprendido de 1980 a 1992,  el afán del mismo es, desde el punto de vista antropológico, que además abarca entre otros aspectos la cultura, política y religión, dar a conocer y profundizar en la manera como los sujetos sociales construyen su memoria histórica, documentando tanto los hechos políticos como aquellos que tienen que ver con la cotidianidad social y cultural.
Es importante señalar que la memoria histórica puede ser entendida como aquella memoria colectiva que incorpora elementos de la historia científica, se construye en el presente, y como presente se encuentra el pasado inmerso en este, que ocupa un espacio significativo en la memoria de los individuos, pero que no lo es todo, ya que la realidad de cada sujeto ha sufrido cambios desde ese pasado hacia el presente.
El Secretario de Comunicaciones de la Universidad de El Salvador, maestro Ernesto Deras señala que memoria histórica como un concepto amplio puede ser entendida como: acontecimientos pasados muy significativos para la vida cultural, política, económica y social de un país, ad hoc de lo que pueda ser la relación con determinados líderes y personajes históricos y los acontecimientos con relación a determinadas coyunturas e incluso de sitios como el caso del cantón El Mozote en Morazán que es sinónimo de muchas cosas porque existe una memoria de denuncia, recuerdo de ese hecho que para algunas personas es buena mientras para otras es mala.
En otras palabras, la construcción de la memoria histórica no se hace como un fenómeno del pasado, sino como un proceso que responde a las necesidades y exigencias del presente y que se proyecta de manera concreta hacia el futuro de manera concreta.
El dibujo de la construcción de las identidades colectivas está inmersa en un proceso histórico, y en ese proceso histórico la gente reconstruye su pasado para mantener y crear su propia identidad. De su pasado unos y otros seleccionan y reconstruyen hechos que son reinterpretados en el presente y que sirven para sustentar una u otra identidad.
El maestro en Antropología de la Universidad de El Salvador, Carlos Benjamín Lara señala en su artículo CONFLICTO SOCIAL Y CAMBIO CULTURAL EN UNA COMUNIDAD RURAL DE CHALATENANGO (EL SALVADOR): 1970-2003 que la tradición oral  es un método de investigación importante durante el desarrollo de investigaciones como la que realizó sobre el movimiento campesino de Chalatenango, uno de los movimientos campesinos más importantes en toda la historia de América Latina enfocándose en la comunidad rural de Guarjila como ejemplo de las transformaciones que estos campesinos han generado en la zona.
Además, durante esta investigación se utilizó la Etnografía de Campo, un trabajo que permite conocer gracias a los testimonios que brindan las personas, el entorno en el cual interactúan, personas que frecuentan, etc. con el propósito de obtener una visión dinámica sociocultural contemporánea de los pobladores de Guarjila.
Particularmente tocaré el caso de los pobladores de Arcatao, un municipio ubicado al noreste del departamento de Chalatenango, colinda al oriente con los departamentos de Cabañas y Cuscatlán, y al norte con la República de Honduras, específicamente con el pueblo llamado La Virtud, por lo tanto, su ubicación geográfica permite que se desarrollen características sociales definidas así como un desarrollo o producción cultural distinta al de otras zonas del país durante el conflicto.
No se puede ignorar que Arcatao fue duramente golpeado por el conflicto armado y que éste representó un cambio inevitable en el modo de vida, relaciones interpersonales y comunitarias de los pobladores tanto del casco urbano, como quienes poblaban, o aún lo hacen, las zonas rurales de este municipio y los aledaños, hablamos de Nueva Trinidad, Nombre de Jesús, San José Las Flores, San Antonio Los Ranchos y comunidades más conocidas como La Ignacio Ellacuría o Guancora y Guarjila.
Durante los años previos a la guerra la inmensa mayoría de sus pobladores eran campesinos que se dedicaban a la agricultura como principal modus vivendi, bajo la lógica de subsistencia, los hombres en su mayoría, cultivaban maíz, frijol, maicillo y en algunos casos árboles frutales que tras la cosecha eran consumidos por los mismos productores y un pequeño excedente era comecializado para obtener otros alimentos como sal o azúcar así como vestimenta, educación en algunos casos, vivienda y otros gastos particulares. A la vez, algunas familias complementaban sus ingresos a través de la crianza de animales domésticos, cerdos y aves o algunos incluso manteniendo algunos bovinos.
Entonces podemos afirmar que los agricultores de este municipio de Chalatenango eran agricultores que en su inmensa mayoría no poseían tierras para cultivar  y con el propósito de subsistir individual y familiarmente arrendaban algún terreno para trabajarlo.
Como en la mayoría de los municipios de la zona oriental de Chalatenango, en Arcatao existe una vida religiosa intensa que respondía a la doctrina liberal de la Iglesia Católica, factor que llevó a muchas personas a que iniciaran a formar parte de grupos religiosos organizados.
El catolicismo, ha proporcionado el universo simbólico a través del cual se han construido las conciencias colectivas. Las identidades socioculturales locales se construyeron con base en los símbolos que proporciona la religión católica. De la misma manera, la visión del mundo de las poblaciones campesinas está fuertemente condicionada por los valores y las concepciones que desarrolla la doctrina y la práctica católicas potenciada por las homilías de Oscar Arnulfo Romero y en mayor potencia luego de su asesinato el 24 de marzo de 1980.
A través de las actividades religiosas, los campesinos de Chalatenango creaban y transmitían los valores, concepciones y normas sociales más importantes que orientaban el desarrollo de sus vidas cotidianas, tanto al interior de sus familias como en la vida social general de sus comunidades y poblados. También generaban una dinámica de solidaridad y ayuda mutua entre los miembros de la comunidad, sobre todo entre aquéllos que se comprometían con mayor fuerza con las actividades de la iglesia católica.
El inicio de la represión en Arcatao a mediados de los años 70, los campesinos crearon comunidades de fe y reflexión bíblica, que denominaron Comunidades Eclesiales de Base (CEBES). Estas comunidades no se limitaron a la reflexión sobre las enseñanzas bíblicas y su aplicación teórica a la situación del campesinado salvadoreño, sino que crearon una organización social que les permitía vivir la nueva fe en la práctica cotidiana.
Los campesinos de esta zona de Chalatenango se integraron a la Unión de Trabajadores del Campo (UTC), una de las organizaciones campesinas que formó parte del Bloque Popular Revolucionario, organización de masas de las Fuerzas Populares de Liberación Farabundo Martí (FPL). Con el desarrollo del conflicto, la organización política tomó protagonismo en la construcción de la conciencia revolucionaria o de subversión del orden social dominante, pero la doctrina católica, en su modalidad de opción preferencial por los pobres, continuó teniendo incidencia en los campesinos de Arcatao.
Los habitantes de este municipio afirman que entre las principales causas del conflicto armado están: la pobreza en que vivía la mayoría de campesinos en esa época, que no tenían tierras para trabajar ni suficientes fuentes de trabajo. Además, en las cortas de café y caña de azúcar recibían malos salarios y malos tratos por parte de los patrones y en segundo lugar, se insiste en los abusos de los cuerpos de seguridad pública, como la Guardia Nacional y la Policía de Hacienda, también por medio de organizaciones paramilitares que incorporaban a la población civil, como las patrullas civiles y la Organización Democrática Nacionalista (ORDEN), lo cual dividía a las comunidades de la zona.
Ya entrado el conflicto en Arcatao ocurre un fenómeno que no era tan común previamente: la migración. Como mencionaba antes, muchos campesinos estaban organizados en la UTC que luego formarían parte de las FPL  por lo tanto cumplían misiones especiales y estaban inmersos en las distintas batallas en el municipio, sin embargo la gente que pertenecía a la población civil o a las masas como los llamaban huían por temor a ser asesinados junto con sus familias a distintos caseríos y cantones  del municipio, como Patamera, Las Vegas, El Portillo, Los Dubones entre otros. Y para uno de los mayores operativos en esa zona “La Guinda de Mayo” ocurrido el 27 de mayo de 1982, la población se vio obligada a huir y buscar refugio a través de la migración en alguno de los dos mayores campamentos de refugiados existentes: el campamento de Mesa Grande o el de Colomoncagua, ambos en Honduras.
Con el apoyo del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), los campesinos de Chalatenango llegaron a Mesa Grande (Honduras), en donde se concentraron 11000 refugiados salvadoreños, con gente que provenía de Chalatenango, Cabañas y Cuscatlán. En Arcatao solamente se habían quedado tres familias convirtiéndolo en una especie de pueblo fantasma hasta el inicio de las repoblaciones en 1985.
En el 86, otro de los grandes operativos en el municipio fue conocido como el “Desembarco del 8 de abril”, los militares del Destacamento Militar Número 1 (DM-1) intentaron reproducir la masacre que en 1981 perpetrara el Batallón de Infantería de Reacción Inmediata Atlacatl del 10 al 12 de diciembre de 1981 en el cantón El Mozote, en Morazán. Pero se suspendió el operativo porque entre los pobladores capturados habían dos estadounidenses.
Con este ejemplo debemos recordar que todos los grupos dominantes normalmente tratan de manipular la memoria de la gente a su favor, sobre todo con la ayuda de los medios de comunicación. Pero también todos los pueblos tratan de reconstruir sus héroes, sus batallas que forma parte de su identidad.
Entonces, con respecto a la guerra, es muy importante la recuperación de la memoria histórica porque existe una deformación muy grande del tejido social y lo que interesa a los pueblos es el conocimiento del sufrimiento, del heroísmo, de la generosidad incluso que se ha dado en medio de as circunstancias muy difíciles y a veces destructoras del humano. Por lo tanto, si tenemos un sentido equivocado de la historia esta se puede repetir junto con todos sus vicios que provocaron una tragedia llamada guerra civil reproduciendo enfermedades, golpes, traumas psicosociales parecidas a las del conflicto armado. Así lo señala director de la Pastoral Universitaria de la UCA, Padre José María Tojeira.

jueves, 9 de abril de 2015

Términos de Referencia Consultoría

¡Atención! El Instituto de Derechos Humanos de la UCA - IDHUCA oferta 4 consultorías para la facilitación de 4 módulos del Diplomado Género y Derechos Humanos con énfasis en juventud que coordina el Instituto.
Las personas interesadas pueden encontrar los Términos de Referencia, (TDR) haciendo clic en el siguiente link, además encontrarán los correos electrónicos de las personas a quien deberán enviar los CV,.
El periodo de recepción de CV es del 8 al 12 de abri del 2015.

https://drive.google.com/folderview?id=0B6GeDIqwnmt-flBFN1RNYUpNc1N1aDZoZlItVndmbkJTa3FrWGtCdUllYjNmNjRqblR4dlU&usp=sharing

Día 1Tribunal Internacional de Justicia Restaurativa 2015

Así estuvo el primer día del VII Tribunal Internacional de Justicia Restaurativa llevado a cabo entre el 25 y el 27 de marzo en el municipio de San Antonio Los Ranchos, Chalatenango