lunes, 7 de marzo de 2011

Un buen consejo de un buen pastor

El primer día de este marzo −el mes cuando se conmemora en el país y el mundo el XXXI aniversario del martirio de monseñor Óscar Arnulfo Romero− Mauricio Funes lanzó a la palestra pública un anuncio que causó sorpresa y generó adhesiones, pero también interrogantes y cuestionamientos entre la sociedad y la “clase política” salvadoreñas. Dentro de poco creará por decreto ejecutivo un “consejo consultivo” en el cual, según la información de Casa Presidencial, participarán los cuatro mandatarios que le precedieron en el cargo y los dirigentes máximos de los partidos políticos con registro legal. El fin de esta iniciativa será “establecer una mesa de diálogo con los actores políticos” para abordar “temas de Nación” y, así, “impulsar la unidad nacional”.

Esta decisión, que además ha causado alboroto entre el “voto duro” del partido en el que se subió para alcanzar el “cambio”, a simple vista parecería ser una reacción casi inmediata a unas declaraciones recientes de Alfredo Cristiani. El presidente del Consejo Ejecutivo Nacional del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), criticó el llamado a dicha “unidad nacional” hecho por Funes al inaugurar las celebraciones del bicentenario del “primer grito” independentista en Centroamérica. Pide eso −dijo Cristiani− mientras “ataca a la oposición política, a los empresarios y a media humanidad... Se le olvida que fue agresivo en una oportunidad y llama a la unidad en otra”. Y agregó que había “cerrado la comunicación casi por completo” con ARENA.

Las especulaciones sobre el origen de este nuevo “consejo” −que se suma al tan comentado y por momentos criticado Consejo Económico y Social (CES), junto a otros entes similares pero menos conocidos y conflictivos− van desde otro posible “arrebato” de Funes, el interés de mostrarse ante Barak Obama como un verdadero estadista y el desconocimiento de nuestra historia política cercana por parte de uno de sus principales asesores, hasta considerarla una “jugada magistral” para acorralar a Cristiani.

Dejando de lado esas y otras cavilaciones, vale la pena pasar lista a ciertos integrantes del “consejo consultivo” que se está cocinando en Casa Presidencial; pero, especial y muy puntualmente, a algunos hechos destacados de sus trayectorias.

Comencemos por el mismo Cristiani, quien un día antes de la presentación del informe de la Comisión de la Verdad reclamó a la Asamblea Legislativa una amnistía amplia, absoluta e incondicional para los responsables de graves violaciones de derechos humanos, crímenes de guerra y delitos contra la humanidad. Su vehemente exhortación a través de una cadena nacional de radio y televisión, hecha el 14 de marzo de 1993, fue diligentemente atendida. Así, cinco días después del “nacimiento” de una necesaria y sanadora verdad que debía crecer hasta alcanzar la justicia y traernos la paz, sus incondicionales decidieron fortalecer la impunidad en el país. Las consecuencias de ello, hoy las sigue pagando El Salvador a un precio muy alto: ese “borrón” sólo trajo una “cuenta nueva” de cuantiosas muertes violentas intencionales que no para.

Armando Calderón Sol es el artífice del Pacto de San Andrés, que impuso obedeciendo los dictados de organismos financieros internacionales en el marco del desdichado y perverso Consenso de Washington. Fue él quien continuó avanzando fielmente por la ruta que marcó Cristiani, en detrimento de las mayorías populares y a favor de los poderes reales. Durante su mandato eso se tradujo, sobre todo, en despidos masivos dentro del sector público y la consumación del proceso privatizador.

Francisco Flores, en alguno de los momentos que bajó a la realidad en medio de su administración, dolarizó la economía nacional sin consultarle a nadie. Por más de una década, esa medida autoritaria ha impactado duramente la vida de los sectores más pobres del país. Para rematar, con el retorcido fin de levantar electoralmente a su partido ARENA inauguró la “mano dura” contra las maras y pandillas; además promovió la aprobación de una ley para combatirlas, que se caía en pedazos por las aberrantes inconstitucionalidades de su contenido.

El llamado “populismo punitivo” que desató, sólo logró incrementar la inseguridad y la violencia. Y hablando de políticas populistas, a Flores lo sustituyó el mejor exponente de las mismas: Antonio Saca, quien también ocupará su sitial en el “consejo consultivo” que está por crearse. Estos cuatro conocidos personajes “aconsejarán” al mandatario, en caso de solventarse los condicionamientos que los tres primeros han puesto para participar. ¡Mucho cuidado!

De aconsejárselo, ¿deberá decidir Funes si acude a las figuras más relevantes de la “Tandona” −el alto mando militar durante la guerra, que luego fue protegido por Cristiani− para que “salve” al país de las maras y las pandillas, como sus voceros aseguran haberlo hecho de los “delincuentes terroristas” y la “agresión comunista internacional”? ¿Qué hará si desde el “consejo consultivo” le recomiendan la “mano mega dura” con pena de muerte, ley marcial, estado de sitio y la creación de grupos paramilitares, para ganar la “guerra” actual? Y si en materia económica le sugieren un subsidio generalizado a los combustibles, ¿qué resolverá?

Además “enriquecen” este nuevo espacio −una especie de “CES VIP”− los secretarios o coordinadores generales de los partidos políticos legalmente activos o resucitados ilegalmente, sobre los cuales también hay bastante de qué hablar. ¿Le sugerirán mantener la Corte de Cuentas como tapadera de la alta corrupción, aunque cambie su presidente dentro de unos meses; que la Fiscalía General de la República siga en manos pusilánimes para combatir la impunidad; que no se detenga a todos los que planificaron, ordenaron y asesoraron el encubrimiento en la masacre de los seis sacerdotes jesuitas y sus dos colaboradoras, cuando en la Audiencia Nacional de España se libren las respectivas órdenes de captura internacionales si así ocurre?

Entre tanta politiquería y los varios consejos creados o por crearse, para alcanzar la tan ansiada “unidad nacional” y no equivocar el camino conviene mejor aconsejar al presidente Funes. Pero no desde la “llanura”, sino desde el mensaje profético de quien dice es su “guía espiritual”: monseñor Romero. A quienes lo escuchaban en la Universidad de Lovaina, Bélgica, el 2 de febrero de 1980 –cincuenta días antes de su muerte martirial– este buen pastor estableció la guía esencial para buscar y encontrar lo que debe ser el criterio que una en lo esencial al país y evite que no estalle de nuevo:

“…en lugar de detallarles todos los vaivenes de la política en mi país, he preferido explicarles las raíces profundas de la actuación de la Iglesia en este mundo explosivo de lo socio-político. Y he pretendido esclarecerles el último criterio, que es teológico e histórico, para la actuación de la Iglesia en este campo: el mundo de los pobres […] Insertarnos en el proceso socio-político real de nuestro pueblo; juzgar de él desde el pueblo pobre e impulsar todos los movimientos de liberación que conduzcan realmente a la justicia de las mayorías y a la paz para las mayorías”.

La justicia proclamada y reclamada por Romero pero negada por los poderes reales y formales, seguirá siendo el principal obstáculo ante cualquier intento por lograr la “unidad nacional”. Sólo cuando desde el discernimiento encarnado en las mayorías populares se avance hasta alcanzar el bien común, trabajando con éstas para su liberación del mal, será posible concretarla en nuestro país. Ahí –abajo y adentro, no arriba y afuera– es donde hay que forjarla. Mientras, por más acuerdos y consejos políticos habidos y por haber, seguirá siendo tan solo una ilusión.

Benjamín Cuéllar


* Artículo publicado en Contrapunto (hacer click para ver)