martes, 29 de marzo de 2011

Apuntes breves de un justo Tribunal

Pasadas las diez de la mañana del lunes 21 de marzo, un expectante y acogedor ambiente era el escenario propicio que Arcatao ofrecía para iniciar la tercera edición del Tribunal internacional para la aplicación de la justicia restaurativa en El Salvador. Su iglesia abrió las puertas de par en par para recibir a quienes −provenientes de esa ciudad “chalateca”, de otros municipios del mismo departamento, del resto del país y de otras tierras− se encontraron en torno a una mismo propósito: el de honrar a monseñor Óscar Arnulfo Romero entre la gente por la que ofreció su vida, intentando ser fieles a su legado. Verdad, justicia y reparación es la exigencia principal de las víctimas sobrevivientes y las familias de aquellas que fueron asesinadas o desaparecidas, escrita en la manta colocada al frente del templo católico. Su destinatario ausente en el evento: una representación estatal en capacidad de darle respuesta.

José María Tomás y Tío, el valenciano presidente del Tribunal, dio inició a la primera jornada en compañía de la entrañable Gloria Giralt de García Prieto −emblemática víctima salvadoreña de la violencia y la impunidad durante la posguerra− y Suelli Bellato, vicepresidenta de la Comisión de Amnistía de Brasil; completaba el solidario grupo de jueces otro querido jurista también de Valencia, España: José Ramón Juaniz. Cada cual intervino en el arranque de las sesiones.

José María anunció que habían decidido, una vez más, que el Tribunal estuviese “presidido por las victimas. Esta es la razón por lo que Ustedes ven que en el centro de esta mesa hay una silla no vacía; es la silla prioritaria, la que tiene mayor consideración y la que tiene delante las flores que en nombre del pueblo salvadoreño y en el nuestro, este Tribunal ofrece a cada una de las personas que van a ir pasando por aquí. Tengan la amabilidad de relatarnos su experiencia, su historia, su vida; reciban nuestro reconocimiento, nuestro respeto y nuestra obediencia”.

Siguió Gloria, la vicepresidenta, quien reconoció y agradeció el honor de “poder rescatar a las victimas del anonimato, saber que todas las victimas tienen un nombre, saber que todas las victimas ya no son parte de una estadística sino que están aquí contando sus casos, pidiendo justicia categóricamente, recordando todos los hechos y denunciando todos los delitos que se cometieron con ellas”.

Haciendo gala de su “portuñol”, Suelli dijo: “Veo con mucha alegría los jóvenes, los estudiantes que están acá. Porque están como acercándose a su historia para cuidarla y hacerla vivir en la memoria. Por aquellos que lucharon por un país mejor, más justo, vengo acá con mi compañera Ruanna del proyecto educativo, porque queremos aprender con Ustedes que la verdad y la dignidad hacen parte de una gran defensa de la humanidad”.

“Ustedes las víctimas −cerró esta parte introductoria José Ramón− nos piden cercanía, proximidad a sus vidas y a sus comunidades, reconocimiento social, verdad y reparación. La justicia sólo es verdadera justicia si es restaurativa, si contribuye a recuperar la verdad y a restaurar a las victimas en sus derechos; pero también si consigue demostrar y denunciar quiénes fueron los que violentaron esos derechos y, al mismo tiempo, establecer las medidas necesarias para garantizar las mejor calidad de vida a las personas y comunidades sobrevivientes”.

Las palabras de los alcaldes de Arcatao y Nueva Trinidad −José Milton Monge Alvarenga y José Raymundo Alas, respectivamente− sirvieron para reafirmar lo que desde el inicio de este esfuerzo en marzo del 2009 ha estado siempre claro: que la ansiada pacificación del país sólo se logrará abajo y adentro, porque quienes dijeron y dicen intentar alcanzarla arriba y afuera ya dieron suficientes muestras de incapacidad, indolencia e insolencia.

“Aunque la mentira halla caminado cien años −sentenció el edil anfitrión− la verdad la alcanza en una hora. Quiero decir que estamos dispuestos a contribuir y quiero agradecer a la mesa principal, a la UCA y a quienes estamos acá, especialmente a los niños y las niñas que también están con nosotros. Aunque hay heridas que no han cicatrizado, con esas investigaciones van a terminar de cicatrizar las secuelas para que eso no se vuelva a repetir y para contribuir a la paz, a la justicia en El Salvador y en el mundo. Por eso estamos acá. Quiero decirles bienvenidos. En mi calidad de alcalde principal es un honor, es una dicha el que hayan seleccionado al municipio de Arcatao”.

El gobernante de Nueva Trinidad se expresó así: “Somos los protagonistas de dar testimonio de lo que en estos pueblos aconteció. Es importante centrarnos en el tema y ser nosotros los dispuestos a comprometernos para darle vida a este proceso, a darle seguimiento en una zona muy remota de Chalatenango. Es importante la representación de El Salvador, Brasil y España. Es un tribunal internacional el cual, creemos, puede llegar al trasfondo de la situación: a su inicio pero también al final, que es hacer justicia y alcanzar la reconciliación. Es importante porque, creemos nosotros, no es correcto que esta situación que se dio en El Salvador vuelva a suceder. Sólo nosotros podemos detener cualquier represión en el futuro, si hoy hacemos un buen trabajo donde se haga constar que repudiamos esa situación que se dio en nuestro país”.

Tras la exposición de las legítimas razones por las que nació y se mantiene con vida el Tribunal, con abundantes motivos para seguir creciendo, se empezaron a escuchar las voces necesarias. Hablaron parientes de las mujeres ejecutadas en el caserío El Rincón, cantón Manaquil, municipio de Nueva Trinidad; también de los niños y las niñas que murieron bajo el fuego criminal de las fuerzas gubernamentales en la Comunidad Ignacio Ellacuría, caserío Guancora, municipio de Arcatao.

Grabadas en todas las mentes presentes quedaron sentimientos y mandatos de las víctimas declarantes. Por ejemplo, éste: “Yo quisiera ver un resultado, porque nosotros sentimos a la familia. Que tuviera un castigo el que lo hizo, porque lo hizo injustamente. No lo hacía porque le habían hecho algo a él”. O éste: Yo lo que deseo es que castiguen a los que hicieron eso en la Casa Comunal, la masacre. Y que no quede escrito en los papeles, que se cumplan los acuerdos que aquí se van a tomar. Yo le pido al Tribunal que no se quede así nomás, que haya justicia. Eso es lo que pido como madre que siente sus hijos”.


Benjamín Cuéllar

*artículo publicado en Contrapunto