viernes, 22 de abril de 2011

El pez por la boca muere

“Los precios en El Salvador están bien altos. Por las nubes. Y siguen subiendo y subiendo. Sólo el gobierno parece no darse cuenta. Todos sufren por los altos precios, principalmente la clase media y los pobres. El aumento del costo de la vida, ¿adónde va ir a parar?” La mayoría de personas, seguramente estará de acuerdo con lo anterior. Es un diagnóstico atinado y condensado de lo que está ocurriendo actualmente en el país, cuyo contenido difícilmente puede ser refutado. Sin embargo, no es el resultado de un sondeo de opinión ni un juicio formulado por quien escribe estas líneas acerca de la situación que, al día de hoy, constituye la principal aflicción de la gente. Sólo la delincuencia y la incontrolable violencia en sus diversas manifestaciones, le pelean el primer lugar en la competencia de los males que afectan a la población salvadoreña. Tampoco es la transcripción textual de algún alegato formulado por la oposición política más visceral, durante la última sesión plenaria en la Asamblea Legislativa. Si le ponen atención a lo que sigue, se darán cuenta de qué se trata.

“¡Es hora de cambiar! Mauricio Presidente, ¡un cambio seguro!”. Sí. Se trata de eso; no se equivoca. Así finalizaba un spot, uno entre tantos de la larga y costosa campaña proselitista –iniciada antes del plazo constitucional establecido– que impulsó al FMLN y a su candidato hasta la Casa Presidencial. Ahora están donde querían y desde donde podían transformar el país, según lo prometieron. Y es que en otro de esos anuncios electoreros, se le preguntaba al público destinatario: “¿Usted cree que los que no supieron gobernar cuando todo iba bien, van a saber hacerlo ahora?”. Eso indica que al pedir el voto ciudadano para sí, lo hacían conociendo que se nos venía encima el agravamiento de una crisis mundial de varios rostros: financiera, alimentaria, energética, ambiental y más.

Pero ellos, a diferencia del mal trabajo de los otros y pese a todo, se ofrecían como los conocedores de la fórmula para superar los problemas más graves. O, al menos, eran los indicados para evitar que la población resultara tan golpeada; sobre todo, “la clase media y los pobres”. Bien recordará bastante gente, además de los anuncios de “ciudad mujer” y la “fábrica de empleos”, aquéllos en las que aparecían hombres y mujeres de oficina “trabajando” en la gestación de la “esperanza” que estaba naciendo y la formulación de los planes para el “cambio” que vendría con el nuevo gobierno. Algunas de esas personas que “actuaban” entonces como funcionarias y funcionarios de ficción, asumieron puestos claves reales en el manejo de los asuntos nacionales el 1 de junio del 2009.

Pensar que antes y después de las elecciones en las que triunfaron no tenían idea de la “herencia maldita” que estaban por recibir, es creer en flores de papel que se les echa agua y crecen. Quizás no sabían los detalles, pero el tamaño sí. Así tildó Mauricio Funes, ya no candidato sino presidente, al paquete que recibió; lo hizo después de que una veintena de personas murieron incineradas, el 20 de junio del año pasado, cuando un grupo de criminales de la peor calaña quemó el bus en el que viajaban.

Por privilegiar intereses de grupos reducidos pero todopoderosos, los gobiernos anteriores minaron la capacidad estatal para mejorar la vida de las mayorías populares. Eso es del todo cierto. El problema es que durante los ya casi dos años con el del “cambio”, esa “herencia maldita” ha sido la disculpa oficial predilecta para justificar la permanencia de los mismos males.

Y esa excusa la emplean cuando se habla de los derechos humanos más violados en El Salvador de estos días: el de la seguridad de las personas y su patrimonio, junto a los económicos y sociales. Esa es la recurrente y ya gastada respuesta a las demandas de una población que, hoy por hoy, no alcanza a ver cómo comienzan siquiera a mostrarse las soluciones en esos asuntos. Y es la de nunca acabar: se le echa la culpa a otros pero no se impulsan acciones decididas, adecuadas y creativas para superarlos. Al hablar sobre esto, alguien me dijo:

“Mire el 2008, fue un año duro por la ‘gas’, Lo recuerdo porque me tocó ajustarme mucho. Y pasaba ‘puetando’ a Saca, mientras la derecha sacaba el argumento de que era la crisis, el petróleo… Y que eso no lo controla el gobierno. Yo recuerdo que todos los ‘izquierdosos’ criticaban. Nosotros también porque –si bien ese argumento es parcialmente válido– Saca a la par tomaba decisiones que nos afectaban más. Además no previó los efectos, teniendo la información. Funes también tenía una proyección sobre el panorama económica mundial. Y es que a un gobernante no se le juzga por la suerte del contexto que le tocó administrar, sino por cómo lo administra”.

Así las cosas, como antes la economía salvadoreña sigue de mal en peor. A un deprimido mercado laboral, debe sumarse el alto costo de la vida que sigue subiendo. La primera quincena de abril ha sido particularmente difícil con el acelerado crecimiento de los precios de los combustibles y con el incremento al del gas, porque aunque se reciba el subsidio oficial siempre se paga cerca de un dólar más; también con el encarecimiento de la energía y, como consecuencia de todo lo anterior, el de la canasta básica.

Sin duda, en nuestra sociedad predomina la iniquidad pues se excluye a las mayorías populares mientras los sectores incluidos son cada vez menores. Por eso, al cierre del 2010, el Instituto de Opinión Pública de la Universidad Centroamericana "José Simeón Cañas" (IUDOP) constató que la población tenía una valoración bastante negativa de su situación: el 67.9 % afirmó que el costo de la vida aumentó mucho y el 15.4 dijo que aumentó algo. De hecho, cada vez más gente percibe que la pobreza en el país es mayor; eso ha crecido considerablemente, sobre todo respecto a las opiniones que externaba al cierre del 2009 cuando aún se respiraba un ambiente más optimista, asociado con la “alternancia” en el control del Órgano Ejecutivo.

“El pez por la boca muere”, dice el refrán popular. Pero también puede vivir y vivir con dignidad, si honra su palabra. Superada la etapa inicial de “aprendizaje”, esta administración presidencial ya consumió más de la tercera parte de su período. Este gobierno que ofreció el nacimiento de la esperanza y la venida de un cambio tan anhelado, ya no puede ser “consentido” por el ojo crítico de la sociedad como se pedía −implícita o explícitamente− cuando comenzó a dar sus primeros pasos. Debe ser juzgado y encarado sin regateos para que mejore en lo que le queda de vida.

También se debe hacer este ejercicio con quienes administraron tan mal la “cosa pública” durante tantos años y ahora, desde la oposición, “tiran piedras” como si estuvieran libres de pecado; o aprovechan la búsqueda de apoyos legislativos por parte del Órgano Ejecutivo, para salir “gananciosos” desde la trinchera política que llaman “derecha social”.

Antes de que se cierre el peligroso círculo de frustración y el desencanto se apodere del alma nacional después de ver cómo unos y otros gobiernan, El Salvador debe despertar y actuar con urgencia. No hay otra salida. Cuando la situación es desesperante pero hay esperanza, se avanza; cuando no la hay, se estalla. Por eso hay que buscar la esperanza donde se puede encontrar y trabajar por el cambio real con quien puede lograrlo: en la sociedad. Sólo una sociedad demandante, tendrá un Estado garante del respeto de sus derechos.

Benjamín Cuéllar


(Artículo publicado en Contra Punto)

jueves, 7 de abril de 2011

En los Montes, Montes soy

Catalina ya está junto a su hermana Cristina, que al morir le dejó el encargo de continuar con la labor de la Fundación “Segundo y Santiago Montes”. Estos dos, hermanos también de Caty, fallecieron en 1989. No se esperaba tan pronto su partida, después de haberla tenido acá hace cuatro meses y unos días. Estuvo entre nosotras y nosotros, en esta tierra martirial donde el promotor del Instituto de Derechos Humanos de la UCA derramó su sangre por la gente que amó; por su gente. No esperábamos su muerte, porque nunca dejó de darnos la impresión de estar dispuesta a seguir siempre viva para no dejar morir –cual fiel guardiana– el legado de aquellos dos. Pero se fue, pese a estar irremediablemente condenada a no dejar este país que la aceptó y la adoptó. Hoy, con el vacío físico de su viaje sin retorno, permanece presente su generosa entrega en favor de la dignidad humana. No fue poco lo que hizo; fue mucho y muchísimo lo que les dio a las mayorías populares salvadoreñas. Muy merecedora del Premio “Castilla y León de los Valores Humanos”, fue Catalina Montes en el 2005; sin embargo, eso no fue pretexto para alejarse de éstas pues más allá de los reconocimientos a su capacidad intelectual estaba –en primer sitio– su compromiso real con quienes la necesitaron y recibieron su desprendida solidaridad. Eso lo materializó de muchas maneras, entre las cuales destaca su papel al frente de la Fundación “Segundo y Santiago Montes”. Cuando hace dos años le preguntaron a Caty sobre esta institución, ella respondió lo siguiente: “La Fundación ‘Segundo y Santiago Montes’ nace para dar continuidad a la obra intelectual, cultural, social y de defensa de los derechos humanos llevada a cabo por Segundo y Santiago Montes. Surge con la intención de, por un lado, recoger y catalogar la obra ingente pictórica, escultórica, poética, dramática, ensayística de Santiago, así como de continuar su labor en defensa de la justicia. Por otro lado, recoge el legado de Segundo Montes y acompaña el desarrollo del grupo de expatriados salvadoreños que al regresar a El Salvador, quisieron dar a su asentamiento el nombre de Ciudad Segundo Montes, para honrar la memoria del hombre que dedicó su vida a ayudarlos y dignificar a los más pobres de los pobres”. Durante su última visita al país en noviembre del año pasado, al conmemorarse veintiún años de la masacre en la UCA, acompañó al entonces rector –el padre José María Tojeira– en el acto mediante el cual se bautizó un auditorio del campus en honor a su hermano. Tras develar la placa del mismo, Catalina dijo: “Su nombre y su recuerdo son como un talismán que atrae ayuda a quienes más lo necesitan. Estoy muy agradecida con esta universidad por preservar el legado de mi hermano de múltiples maneras”. Sin duda, Segundo fue un ser extraordinario como lo fueron también Santiago y Cristina Montes. Pero Caty no se quedó atrás. Menuda de cuerpo y franca de alma, consideraba que esa familia era una inspiración constante y no una pesada responsabilidad que debía cargar sobre sus hombros. Siendo la primera mujer en recibir el Premio “Castilla y León de los Valores Humanos”, al momento de aceptarlo quiso dejar claro que era su familia –precisamente– la que merecía el galardón. “Yo sólo recojo lo que la muerte me deja caer”, sentenció. Sin embargo, el jurado argumentó que el premio era el reconocimiento que se le hacía a “la vida y la obra de una castellana y leonesa animada por la bondad y la justicia, la dignidad humana y el favor hacia los demás”. En esa misma entrevista, Catalina Montes describió un día de su vida. “Generalmente –afirmó– muy atareado. Madrugo y trasnocho y hago largas jornadas de trabajo. Atiendo a mis estudiantes. Me comunico con mucha gente en entrevistas, por correo normal y electrónico. Asisto a reuniones de trabajo, leo, escribo, hago y justifico proyectos, reviso leyes y reglamentos, controlo cuentas y presupuestos. Cada día hago hueco para la oración, para la familia, para los amigos: los grandes apoyos. Los fines de semana dedico doce o catorce horas a recibir en la sede de la Fundación a toda clase de personas. Los veranos trabajo en El Salvador”. A esa mujer solidaria y eterna para este pueblo, al que acompañó su hermano Segundo y por el cual dio su vida, sin duda le calzan muy bien –como un justo homenaje– los versos sencillos de Martí: “Yo vengo de todas partes y hacia todas partes voy. Arte soy entre las artes; en los montes, monte soy”. "Amar es encontrar en la felicidad de otro tu propia felicidad" (Gottfried Wilhelm Leibniz)

miércoles, 6 de abril de 2011

Invitación

Como parte del festival Verdad 2011, denominado “Jóvenes: memoria, seguridad y paz” se realizará la premiación del IX Concurso Juvenil Verdad, Justicia y Paz: poesía, cuento corto, dibujo y canción.

El jurado estuvo integrado por los escritores Álvaro Darío Lara, Pablo Benítez y Néstor Durán. y se realizará este j
ueves 7 de abril, a las 9:00 a.m., en el aula I-15 de la UCA.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Una propuesta. ¿La toman o la dejan?

Benjamín Cuellar Martínez


Hace ocho días, el domingo 20 de junioel 2010, fue incinerado un bus del transporte público en Mejicanos. En esa ciudad vecina de la capital de mi país, San Salvador, murieron en el instante –en un solo instante infernal– más de diez personas; entre las víctimas fatales se encontraba una niña cuyo paso en este mundo apenas alcanzó los dieciocho meses. En los días inmediatos luego del bestial suceso la cifra se incrementó hasta alcanzar las dieciséis, de treinta y una que viajaban en el vehículo. Casi simultáneamente, fueron ametralladas dentro de otro bus tres personas: dos niñas y un hombre.


Ese fin de semana se contabilizaron más de cincuenta asesinatos en un país donde hace más de dieciocho años terminó una guerra que produjo antes y durante la misma, según los cálculos más aceptados y quizás más conservadores, setenta y cinco mil muertes violentas entre la población civil no combatiente a lo largo de entre tres o cuatro lustros; hay que agregarles más de ocho mil personas desaparecidas y una abundante cantidad de detenciones ilegales y víctimas de torturas.


Por lo que se ve, los acuerdos que pusieron fin al conflicto armado no fueron lo suficientemente magnánimos con una Patria que continúa limpiando la sangre derramada por su gente y llorando junto a las familias dolientes cada una de esas tragedias. ¿Por qué? No por los documentos en sí mismos sino por sus interesadas interpretaciones, manipulaciones y convenientes cumplimientos de lo pactado que quedaron en manos de quienes los firmaron. A estos les entregaron la exclusividad de su ejecución y se excluyó de la misma a quien puso la mayor cuota de sacrificio a lo largo de tantos años: el pueblo salvadoreño.


Por eso, El Salvador está herido; desde hace casi dos décadas su cuerpo social se debate entre los discursos políticos que ofrecen tiempos mejores y un presente desgarrador. El país está roto, maltrecho, y aun así continúa firme la decisión oficial de no someterlo al inevitable tratamiento curativo: el de la verdad, la justicia y la reparación para todas las víctimas. ¡Todas! Las de antes, durante y después de la guerra; las que produjeron cualquiera de los bandos que se enfrentaron en el campo de batalla; las que siguen produciendo quienes continuaron enfrentándose en las campañas electorales y el Salón Azul de la Asamblea Legislativa después de firmada entre ellos la “paz”.


Si antes se pasearon la muerte y otros dolores por todo el territorio nacional debido al enfrentamiento político entre dos partes, hoy siguen reinando en El Salvador a consecuencia de las políticas públicas miopes, desacertadas y egoístas de los sectores interesados en evadir la necesaria rendición de cuentas; también por la oposición de los que no vieron al país como un todo en peligro y esquivaron la enorme responsabilidad de plantarse como firmes defensores de los intereses mayoritarios, urgidos de instituciones estatales fuertes.


No investigaron ni juzgaron a los autores de las masacres de El Mozote; al contrario, los encumbraron como “héroes” que salvaron al país de las “garras del comunismo” y lo hicieron pese a que se documentaron, testimonial y científicamente, los hechos. Sólo para muestra, un botón tomado del informe de la Comisión de la Verdad:


“En el Convento, se encontraron restos óseos correspondientes a un mínimo de 143 personas. Sin embargo, el análisis de laboratorio realizado indica que ‘puede haber habido un número mayor de muertos. Esta incertidumbre con respecto al número total de esqueletos es una consecuencia de las masivas lesiones peri-morten, el daño post-morten y el grado de mezcla de los restos. Muchos infantes podrían haber sido totalmente cremados; otros niños tal vez no fueron contados debido a la extensa fragmentación de las partes del cuerpo’ […] Los restos óseos y los elementos encontrados en el Convento muestran numerosos signos de daño producido por aplastamiento y por un incendio […] La mayoría de las víctimas eran menores de edad. Los expertos determinaron en un primer momento, después de realizar la exhumación, que ‘Aproximadamente el 85% de las 117 víctimas eran niños menores de 12 años’, aclarando que una estimación más exacta de la edad de los individuos se harían en el laboratorio […] Allí fueron identificados los restos de esqueletos identificados de 143 individuos, de los cuales 131 correspondían a niños menores de 12 año, 5 a adolescentes y 7 adultos. Agregaron que ‘El promedio de edad de los niños es de aproximadamente seis años de edad’ […] Una de las víctimas era una mujer embarazada”.


En nuestro país, pues, hay una enorme escuela de crueldad; pero sobre todo, de impunidad. Y las secuelas dañinas de todo eso, las siguen sufriendo las mayorías populares: la población campesina, la del comercio “informal”, la desempleada, la descontenta… Esas que Ignacio Ellacuría definió como aquellas que no pueden satisfacer sus necesidades básicas fundamentales, que están marginadas por minorías elitistas y que se encuentran en condición de desposeídas por ordenamientos sociales históricos excluyentes, tanto en lo económico como en lo político.


¿Por qué no se exigió la pena de muerte para los responsables de las atrocidades ocurridas en El Mozote o de otros hechos similares? ¿Porque la venganza no es ninguna solución para esos males, sino un estímulo para que se agraven? Eso, que es cierto, no fue el motivo real para no aplicarles esa sanción fatal y sin retorno. La razón última para no “molestar” de ninguna forma a los criminales, fue la de protegerlos. Había que, al menos así se dijo, evitar que “corriera más sangre” y “hubiera otra guerra”; dicho en otras palabras: que si los sectores económicos, políticos y sociales a los que pertenecían los violadores de derechos humanos –llámense Domingo Monterrosa o Mayo Sibrián, Roberto D’Abuisson o Joaquín Villalobos– eran “tocados”, habrían usado el poder que tenían y tienen para impedir la consumación de semejante medida.


Por eso no fueron siquiera investigados y sancionados de alguna forma que no fuera el fusilamiento o la inyección letal. Por eso sus víctimas no recibieron justicia ni fueron reparados los daños que les causaron. Por eso no se fortalecieron las instituciones estatales correspondientes ni se dejaron funcionando para que hechos similares como el que ahora nos indigna con toda razón, aunque sus causas sean otras, no ocurrieran. Por eso no se sentaron los necesarios precedentes para evitarlos en la medida de lo posible. Por eso ahora, el crimen organizado –ya no como antes el que desde el aparato estatal violó derechos humanos– se pasea campante con sus otros dos rostros: el de la corrupción y el del tráfico de drogas, armas, vehículos, personas y más.


Propongamos, entonces, intentar lo que no se ha intentado hasta ahora. Más allá de las manos duras y súper duras, los provisionales pero casi permanentes usos de los militares en tareas de seguridad pública, las recriminaciones mutuas de incapacidad entre los dos bandos de siempre y las oportunistas mociones de las “banditas” partidistas, que se haga lo que nunca se ha hecho. Que se cree una Comisión Internacional contra la Impunidad, pero para todo el “triángulo norte” de Centroamérica. No sólo para Guatemala sino también para Honduras y El Salvador, pues los vasos comunicantes de las mafias criminales existen. Patrocinada por las Naciones Unidas y liderada, por ejemplo, por alguien de la estatura de Baltasar Garzón ahora que está desempleado por pensar y actuar en favor de las víctimas de la violencia y la impunidad de cualquier signo.


Y que se le dé la misión de combatir los tres rostros del crimen organizado. Que investigue la verdad y promueva la sanción de todos los responsables de lo que ahora nos abate: las estructuras que posibilitaron las violaciones de derechos humanos, las de la corrupción y las de los traficantes de todo lo que promueve el enriquecimiento ilícito, generador de la violencia insoportable que puede echar al traste lo poco que se ha avanzado en la reforma de esta parte de la región.


¿Les parece o no? ¿La toman o la dejan? Si no, que Dios nos agarre confesados.


Artículo, publicado en Contrapunto, 29 de junio del 2010

martes, 29 de marzo de 2011

Comunicado

23 ORGANIZACIONES DENUNCIAN MAS DE 2000 VIOLACIONES CONTRA DEFENSORES/AS DE DERECHOS HUMANOS EN LAS AMÉRICAS

Washington D.C, 29 de marzo de 2011 – El clima de inseguridad en el que trabajan los y las defensores/as de derechos humanos en las Américas ha alcanzado niveles alarmantes. Esta situación responde a la persistencia de ataques por parte de actores estatales o que actúan con su respaldo o tolerancia, como paramilitares, y a la aparición de nuevas formas de hostigamiento por parte del crimen organizado y empresas extractivas con intereses económicos en la región. Así lo denunciaron hoy 23 ONGs de 11 países reunidas en Washington D.C para el 141 periodo de sesiones de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

En un informe de 2010, Naciones Unidas señaló que entre 2004 y 2009 se registraron más de 146 denuncias de amenazas a defensores/as de derechos humanos en las Américas. Según este organismo, los países donde más denuncias se producen son Colombia, México, Guatemala,
Brasil y Perú (en ese orden).

Las organizaciones de defensores/as denunciaron una realidad aún más preocupante. Según sus investigaciones, en Colombia entre 2002 y 2009 más de 1000 defensores fueron víctimas de agresiones incluyendo asesinatos, amenazas, detenciones arbitrarias y torturas ;y sólo en el 2010 se registraron al menos 32 asesinatos de defensores. Son especialmente preocupantes las violaciones contra quienes trabajan por los derechos de las personas desplazadas, lideresas de grupos de mujeres, los/las que trabajan por la restitución de tierras y sindicalistas. Así, 46 líderes de desplazados activos en procesos de restitución de tierras fueron asesinados entre el 2002 y el 2011.

En Guatemala se registraron 1072 agresiones de 2007 a 2010, de las cuales 45 fueron asesinatos y el 98% quedaron impunes. Mientras tanto, en Honduras por lo menos 50 defensores/as han sido asesinados desde que se produjo el golpe de Estado. Los representantes de la sociedad civil reunidos en Washington D.C hicieron particular hincapié en el incremento de actividades ilegítimas de inteligencia por parte de los Estados contra los defensores/as de derechos humanos.

Las organizaciones solicitaron a la CIDH crear una relatoría u oficina específica encargada de la protección de los defensores/as. También pidieron a este organismo que exija a los Estados que implementen medidas efectivas de protección y mejores políticas públicas que garanticen el trabajo de defensores/as, y la investigación de los actos de violencia y amenazas realizados en contra de personas que ponen en riesgo su vida para denunciar situaciones de injusticia social.

Listado de organizaciones: Amazon Watch/ Asociación Pro Derechos Humanos (Aprodeh) / Centro de Derechos Humanos de las Mujeres de Chihuahua / Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez (Centro Prodh) / Centro de Derechos Humanos de la Montaña “Tlachinollan”, México/ Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas, México/ Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (CEJIL)/ Corporación de Defensa y Promoción de los Derechos del Pueblo (CODEPU) /Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos, A.C. (CMDPDH) / Comité de Defensa integral de Derechos Humanos “Gobixha”, AC. / Comité de Familiares de Detenidos Desaparecidos en Honduras (COFADEH) / Comité de Familiares de Víctimas (COFAVIC)/Consultoría para los Derechos Humanos y el Desplazamiento (CODHES) / Corporación Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo (CCAJAR)/ / Fundación Regional de Asesoría en Derechos Humanos (INREDH) / Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas (IDHUCA) / Global Rights Partners for Justice/ Observatorio Ciudadano, Chile/ Programa Venezolano de Educación Acción en Derechos Humanos (PROVEA) / Red Nacional de Organismos Civiles de Derechos Humanos “Todos los Derechos para Todas y Todos” (Red TDT) / Unidad de Protección a Defensoras y Defensores de Derechos Humanos (UDEFEGUA) / Washington Office on Latin América (WOLA) /

Apuntes breves de un justo Tribunal

Pasadas las diez de la mañana del lunes 21 de marzo, un expectante y acogedor ambiente era el escenario propicio que Arcatao ofrecía para iniciar la tercera edición del Tribunal internacional para la aplicación de la justicia restaurativa en El Salvador. Su iglesia abrió las puertas de par en par para recibir a quienes −provenientes de esa ciudad “chalateca”, de otros municipios del mismo departamento, del resto del país y de otras tierras− se encontraron en torno a una mismo propósito: el de honrar a monseñor Óscar Arnulfo Romero entre la gente por la que ofreció su vida, intentando ser fieles a su legado. Verdad, justicia y reparación es la exigencia principal de las víctimas sobrevivientes y las familias de aquellas que fueron asesinadas o desaparecidas, escrita en la manta colocada al frente del templo católico. Su destinatario ausente en el evento: una representación estatal en capacidad de darle respuesta.

José María Tomás y Tío, el valenciano presidente del Tribunal, dio inició a la primera jornada en compañía de la entrañable Gloria Giralt de García Prieto −emblemática víctima salvadoreña de la violencia y la impunidad durante la posguerra− y Suelli Bellato, vicepresidenta de la Comisión de Amnistía de Brasil; completaba el solidario grupo de jueces otro querido jurista también de Valencia, España: José Ramón Juaniz. Cada cual intervino en el arranque de las sesiones.

José María anunció que habían decidido, una vez más, que el Tribunal estuviese “presidido por las victimas. Esta es la razón por lo que Ustedes ven que en el centro de esta mesa hay una silla no vacía; es la silla prioritaria, la que tiene mayor consideración y la que tiene delante las flores que en nombre del pueblo salvadoreño y en el nuestro, este Tribunal ofrece a cada una de las personas que van a ir pasando por aquí. Tengan la amabilidad de relatarnos su experiencia, su historia, su vida; reciban nuestro reconocimiento, nuestro respeto y nuestra obediencia”.

Siguió Gloria, la vicepresidenta, quien reconoció y agradeció el honor de “poder rescatar a las victimas del anonimato, saber que todas las victimas tienen un nombre, saber que todas las victimas ya no son parte de una estadística sino que están aquí contando sus casos, pidiendo justicia categóricamente, recordando todos los hechos y denunciando todos los delitos que se cometieron con ellas”.

Haciendo gala de su “portuñol”, Suelli dijo: “Veo con mucha alegría los jóvenes, los estudiantes que están acá. Porque están como acercándose a su historia para cuidarla y hacerla vivir en la memoria. Por aquellos que lucharon por un país mejor, más justo, vengo acá con mi compañera Ruanna del proyecto educativo, porque queremos aprender con Ustedes que la verdad y la dignidad hacen parte de una gran defensa de la humanidad”.

“Ustedes las víctimas −cerró esta parte introductoria José Ramón− nos piden cercanía, proximidad a sus vidas y a sus comunidades, reconocimiento social, verdad y reparación. La justicia sólo es verdadera justicia si es restaurativa, si contribuye a recuperar la verdad y a restaurar a las victimas en sus derechos; pero también si consigue demostrar y denunciar quiénes fueron los que violentaron esos derechos y, al mismo tiempo, establecer las medidas necesarias para garantizar las mejor calidad de vida a las personas y comunidades sobrevivientes”.

Las palabras de los alcaldes de Arcatao y Nueva Trinidad −José Milton Monge Alvarenga y José Raymundo Alas, respectivamente− sirvieron para reafirmar lo que desde el inicio de este esfuerzo en marzo del 2009 ha estado siempre claro: que la ansiada pacificación del país sólo se logrará abajo y adentro, porque quienes dijeron y dicen intentar alcanzarla arriba y afuera ya dieron suficientes muestras de incapacidad, indolencia e insolencia.

“Aunque la mentira halla caminado cien años −sentenció el edil anfitrión− la verdad la alcanza en una hora. Quiero decir que estamos dispuestos a contribuir y quiero agradecer a la mesa principal, a la UCA y a quienes estamos acá, especialmente a los niños y las niñas que también están con nosotros. Aunque hay heridas que no han cicatrizado, con esas investigaciones van a terminar de cicatrizar las secuelas para que eso no se vuelva a repetir y para contribuir a la paz, a la justicia en El Salvador y en el mundo. Por eso estamos acá. Quiero decirles bienvenidos. En mi calidad de alcalde principal es un honor, es una dicha el que hayan seleccionado al municipio de Arcatao”.

El gobernante de Nueva Trinidad se expresó así: “Somos los protagonistas de dar testimonio de lo que en estos pueblos aconteció. Es importante centrarnos en el tema y ser nosotros los dispuestos a comprometernos para darle vida a este proceso, a darle seguimiento en una zona muy remota de Chalatenango. Es importante la representación de El Salvador, Brasil y España. Es un tribunal internacional el cual, creemos, puede llegar al trasfondo de la situación: a su inicio pero también al final, que es hacer justicia y alcanzar la reconciliación. Es importante porque, creemos nosotros, no es correcto que esta situación que se dio en El Salvador vuelva a suceder. Sólo nosotros podemos detener cualquier represión en el futuro, si hoy hacemos un buen trabajo donde se haga constar que repudiamos esa situación que se dio en nuestro país”.

Tras la exposición de las legítimas razones por las que nació y se mantiene con vida el Tribunal, con abundantes motivos para seguir creciendo, se empezaron a escuchar las voces necesarias. Hablaron parientes de las mujeres ejecutadas en el caserío El Rincón, cantón Manaquil, municipio de Nueva Trinidad; también de los niños y las niñas que murieron bajo el fuego criminal de las fuerzas gubernamentales en la Comunidad Ignacio Ellacuría, caserío Guancora, municipio de Arcatao.

Grabadas en todas las mentes presentes quedaron sentimientos y mandatos de las víctimas declarantes. Por ejemplo, éste: “Yo quisiera ver un resultado, porque nosotros sentimos a la familia. Que tuviera un castigo el que lo hizo, porque lo hizo injustamente. No lo hacía porque le habían hecho algo a él”. O éste: Yo lo que deseo es que castiguen a los que hicieron eso en la Casa Comunal, la masacre. Y que no quede escrito en los papeles, que se cumplan los acuerdos que aquí se van a tomar. Yo le pido al Tribunal que no se quede así nomás, que haya justicia. Eso es lo que pido como madre que siente sus hijos”.


Benjamín Cuéllar

*artículo publicado en Contrapunto

jueves, 24 de marzo de 2011

“HAZTE OIR, PON FIN A LA DISCRIMINACIÓN”


CONVERSATORIO SOBRE DERECHOS HUMANOS

“HAZTE OIR, PON FIN A LA DISCRIMINACIÓN”

DIA: 25 DE MARZO DEL 2011

HORA: 3:00 P.M.

LUGAR: AULA I – 15 DEL EDIFICIO DE MAESTRIAS, UCA

Objetivo:


Abrir el dialogo con el Estado, instituciones y la sociedad civil para analizar y comprender las expresiones y dinámicas de la exclusión social, política, económica y cultural de la población indígena y afro descendientes de cara a compromisos que puedan incidir a un ejercicio efectivo de sus derechos humanos.


En la Mesa principal nos acompañarán:

Señora Carmen Rosa Villa, representante Oficina Regional en Panamá del Alto Comisionado de Derechos Naciones Unidas

Señor Alfonso Avelar, Director de Pueblos Indígenas de la Secretaría de Inclusión Social

Señora Dorte Ellehammer, Coordinadora Residente a.i PNUD

Señor Gerardo Alegría, Procurador Adjunto Derechos Civiles, Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos.

Representante de comunidades indígenas en El Salvador.

las y los esperamos.